domingo, 6 de diciembre de 2009

En la vida cotidiana, hay economía I

En una empresa, en un juego, a la hora de organizar algo, no hace falta ser economista para pensar con sentido común y tratar de anticipar ciertos comportamientos de grupos o de una persona ante alguna situación, para luego definir una posición, una estrategia o una política por la cual optar. Es más, este comportamiento racional es una supuesto central en la ciencia económica.

Este fin de semana, teníamos programado un partido más con nuestro equipo de fútbol como cada sábado en el torneo de “La rana”. En particular, era la anteúltima fecha del campeonato. Nosotros, segundos en el torneo acudimos en número a la cita. El equipo rival era décimo sobre 11 equipos en la tabla de posiciones, por lo que en los partidos que restaban, no jugaban por nada “importante”. Cómo ya se imaginarán, y lo que es el motivo del post, ellos no se presentaron y ganamos los 3 puntos con la amargura de no disputar nuestro partido. Claramente, los rivales tenían fuertes incentivos a no ir. Además de estar afuera de la competición por el primer puesto, en sus cálculos esperaban jugar contra un equipo más “fuerte” que ellos (con las posiciones siendo su referencia), por lo que lo más probable era perder. Esto sumado al ahorro del costo de la organización y la cancha (220 pesos por equipo). La ecuación es clara para muchos equipos en tal situación. No es la primera vez que nos pasa.

Lo que cuesta entender, es como la organización no tiene en cuenta, no incorpora, este escenario, dado que con este “mal” equilibrio, se privan de cobrar la plata de ambos equipos, más aún cuando tienen los árbitros contratados, a los que les pagan por jornada.
Luego, lo que se espera de una buena organización, es que tenga en cuenta este esquema de incentivos y lo modifique, para aumentar sus beneficios presentes (los del partido programado) y futuros (por la conformidad de los clientes). Podrá hacerlo asumiendo esta situación ex-ante u observando la repetición de estas circunstancias. Una política posible de esta empresa eficiente, sería cobrar el dinero de los últimos (dos o tres) partidos por adelantado al comienzo del torneo y que todos jueguen “gratis” estos últimos.

Sin embargo, una explicación para entender el comportamiento de nuestros organizadores sin caer en la “trampa” de concluir que son “irracionales”; y es en parte como intentamos pensar en Sobre Economía, es que en este caso, ellos busquen diferenciarse de sus competidores, orientando su oferta a aquellos que valoran menos jugar un campeonato predecible y bien ideado. Estos estarán menos dispuestos a pagar un precio alto por el bien “jugar un torneo de fútbol”. Así, “La rana” opta por asumir el riesgo de no presentación de un equipo, con lo que esto implica para el rival (nosotros el sábado pasado) y para ellos mismos por la ganancia que dejan de percibir por ese partido, pero a la vez gana mercado por la permisividad con los posibles incumplidores y por el efecto de la no existencia de más pagos adelantados (ellos piden un depósito, pero no se quita en el caso de no asistencia).

Un indicio de la posible validez de esta hipótesis, es que el torneo de “La rana” cuenta con la mayor cantidad de equipos inscriptos de los torneos de su zona y, a la vez, el precio total que cobra por la combinación de inscripción y por los partidos son menores que los de los demás.

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