
Lejos quedó el tiempo en el que los jugadores debían pasar por algún equipo grande para ir a jugar a Europa. Esta es quizá una de las grandes razones de por qué vemos hoy (y en los últimos torneos) que en el fútbol argentino hay equipos chicos peleando el campeonato.
Antes, los clubes grandes eran paso obligatorio para cualquier jugador que quisiera crecer y así llegar a Europa. Eso cambió cuando los clubes del viejo continente se dieron cuenta que es más barato comprar los jugadores a sus clubes de origen. Ahora, van a negociar directo con ellos, ahorrándose el margen que le cobraría el equipo grande que funcionaba hasta esta época como un área de control de calidad, ya que al aprobar el paso por este tipo de conjuntos, el valor del mismo aumentaba considerablemente, por ser la etapa en la que se termina de formar el jugador. Entonces, al comprar jugadores menos “probados”, compran un bien más riesgoso, por lo que baja su valor. Si el jugador resulta como esperaban, hacen un muy buen negocio y si no, al haber hecho una inversión menor, la pérdida no es tan alta.
A igual precio, los “chicos” prefieren vender sus recursos a equipos del exterior, ya que aparte de obtener el mismo beneficio económico, dejan de reforzar a sus rivales, lo que significa que no pierden competitividad en el área local. Ésta fue la gran virtud de estos equipos, ya que a partir de esto, empezó a igualarse la calidad de los planteles, y como consecuencia, se emparejó la lucha por los primeros lugares del Torneo.
Los clubes grandes quedan afuera del negocio de jugadores jóvenes, por lo que buscan como alternativa contratar a esos jugadores “europeos” cuando tienen más edad, o cuando fallan en sus “tests en el exterior”. Así vemos como las decisiones particulares de ambas partes, la de los clubes chicos y la de los extranjeros, excluyen del mercado al otro actor, que tiene que resignarse y modificar su estrategia.
Todo esto sumado al dólar alto, que es una tentación para los futbolistas a emigrar lo antes posible, para así aprovechar sus pocos años de vida útil. Así, se perjudican los grandes argentinos que ya no llegan a contar con los mejores jugadores locales. Esto llevó entonces a un emparejamiento del nivel futbolístico de los equipos, que terminan teniendo lo que se llaman “jugadores del montón”, ya sea mejores o peores, pero diferentes a los “exportables”. Obviamente que hay excepciones como Boca, que en los últimos años tuvo equipos muy competitivos, gracias más que nada la venta de jugadores y al regreso de varios jugadores de categoría que no tuvieron éxito en Europa.
Si bien se han igualado, las diferencias todavía existen, entonces ¿por qué le van tan mal a los grandes y tan bien a los chicos? La respuesta a esto es la diferencia de presión que existe entre los clubes. Pensando en las variables que hay que tener en cuenta a la hora de analizar la performance de un equipo a lo largo de un torneo, se encuentran, la calidad de técnica de los jugadores, la respuesta física de los mismos, la táctica que propone el DT, etc. Pero también hay cuestiones inherentes a cada institución, y lo que sucede es que ya sea por historia, por la prensa, por la gente, o por otra razón, los clubes grandes tienen siempre la presión de ganar, y cuando esto no sucede, el clima se enrarece y ahí es cuando entra la inestabilidad, que hace que los técnicos se vayan, que los jugadores no rindan como deberían (o como lo harían en equipos chicos), y es entonces en esa circunstancia cuando los equipos de menor categoría sacan ventajas, ya que en torneos cortos, pueden darse el lujo de perder unos partidos o de salir a defenderse al principio, de forma de sumar puntos que no serían valorados en los equipos grandes. Sólo de esta manera se puede explicar el campeonato de Lanús, que empezó perdiendo los tres primeros partidos del torneo. Eso, en cualquier club grande, hubiese significado el cese instantáneo del técnico, y la posterior inestabilidad institucional a la que hacíamos referencia.
Lo que le queda a los grandes, es tener unas buenas inferiores y contar con psicólogos para que cuando lleguen a primera, no les “pese la camiseta”.
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