lunes, 23 de noviembre de 2009

El FMI de USA


Si hay una crítica que se le puede hacer al FMI, que lo hace tan popular en los discursos políticos, son las condiciones e imposiciones de políticas económicas que exige a los países a la hora de prestar. En los últimos tiempos esta critica logró un consenso en diversos ámbitos que resultaron en una revisión de esta postura desde dentro del organismo desalentada posteriormente por su resurgir, propio en tiempos de crisis. Pero desde poco después de Bretton Woods hasta la fecha este reproche es la voz de los países en desarrollo.

Es verdad que ningún país estaría mejor sin el fondo, ya que de no existir este prestador externo no lograrían financiamiento por este medio. Luego, no contarían con esos recursos o los podrían obtener por otra vía, lo cual es todavía posible con la existencia del fondo. Sin embargo, el accionar como prestamista de última instancia fue siempre el eje de la crítica de los países pobres.
Ahora, con el centro de la crisis en USA, políticas “heterodoxas” son puestas en marcha en ese país (y en el mundo), con sustento teórico en la aprobación de los economistas y práctico en experiencias pasadas. Mientras, China continúa con tasas de crecimiento milagrosas. Además es el mayor acreedor de Estados Unidos, por 800.000 millones de dólares. Esto, suma un motivo para que los chinos velen por un dólar fuerte; además de mantener el valor relativo del yuan débil, no quieren que sus reservas pierdan valor.

Así, en estos días, China se convirtió en el FMI de USA, recomendando subir las tasas de interés y reducir el déficit fiscal, con la autoridad que le otorga los bonos en su poder. Esto, molestó a los economistas progresistas estadounidenses, tal como hicieron las recomendaciones del fondo a los países en desarrollo en momentos de crisis. Sobre todo al Nobel Paul Krugman, quien abogó por políticas “keynesianas” desde el principio de la crisis “subprime” en pos de resguardar el empleo y el consumo, como lo muestra en uno de sus últimos artículos ya clásicos en el “New York Times”.

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