El medio ambiente es el tema de moda. En todos lados se habla de cómo hacer para cuidar el medio en el que vivimos, y que debemos realizar para dejar de dañar nuestro hábitat. La realidad es que se ha vuelto un bien de lujo, ya que el mensaje “sustentable” es propiedad de quienes pueden pensar en ello antes que en la productividad y el crecimiento. En otras palabras, es un bien asequible para aquellos que no deben pensar en comer o crecer, lo que representa las necesidades básicas. Algo parecido ocurre a nivel país.Es por esta razón, y desde este punto de partida, que podemos entender el fracaso de la cumbre de Copenhague, cumbre que se reunió para delinear las estrategias conjuntas a seguir para paliar el problema del cambio climático. El resultado no fue el deseado para aquellos que defienden a ultranza la protección del medio ambiente, pero si analizamos las necesidades y estrategias de cada país, entenderemos que no era difícil adivinar cómo iba a terminar todo.
Por un lado tenemos los países desarrollados, que están del lado de los protectores, dado el crecimiento que han tenido a lo largo de las últimas décadas, pueden darse el lujo de pensar en cuidar su hábitat. Por otra parte, están aquellos países que están en vías de desarrollo, para ellos, sería costoso poner cláusulas restrictivas para la producción, que limite su posible crecimiento. Estas medidas, terminarían siendo simplemente frenos a su progresión (límites comerciales al fin y al cabo).
Entonces la pregunta es, ¿quién paga los costos de la baja contaminación? Es útil tratar de entender este problema suponiendo que tenemos varios agentes, con gustos diferentes, unos valoran más que otros el medio ambiente. Como el medio ambiente es un bien al que no se le puede aplicar el principio de exclusión, es decir que si alguien lo provee, todos lo consumirán, lo que sucederá es que nadie revelará la información de cuánto realmente “quiere” al ecosistema, así quienes más lo valoren terminarán pagando por todos el cuidado del entorno en el cual todos vivimos. Este es el problema del free rider, quien deja que los demás paguen por un bien que todos queremos, haciéndose pasar por alguien que no lo desea.
Por un lado tenemos los países desarrollados, que están del lado de los protectores, dado el crecimiento que han tenido a lo largo de las últimas décadas, pueden darse el lujo de pensar en cuidar su hábitat. Por otra parte, están aquellos países que están en vías de desarrollo, para ellos, sería costoso poner cláusulas restrictivas para la producción, que limite su posible crecimiento. Estas medidas, terminarían siendo simplemente frenos a su progresión (límites comerciales al fin y al cabo).
Entonces la pregunta es, ¿quién paga los costos de la baja contaminación? Es útil tratar de entender este problema suponiendo que tenemos varios agentes, con gustos diferentes, unos valoran más que otros el medio ambiente. Como el medio ambiente es un bien al que no se le puede aplicar el principio de exclusión, es decir que si alguien lo provee, todos lo consumirán, lo que sucederá es que nadie revelará la información de cuánto realmente “quiere” al ecosistema, así quienes más lo valoren terminarán pagando por todos el cuidado del entorno en el cual todos vivimos. Este es el problema del free rider, quien deja que los demás paguen por un bien que todos queremos, haciéndose pasar por alguien que no lo desea.
Pensar así el problema nos acerca a entender la situación, a pesar de las muchas variables que no tenemos en cuenta. La realidad es que este es un tema político, pero que como todo tema político actual, está sometido a la economía mundial, y vemos que todavía hay muchos países que no valoran la ecología como otros, y pasará tiempo hasta que se igualen estas preferencias: o el mundo estará muy acosado por la contaminación (todavía más); o los países subdesarrollados empezarán a pensar como desarrollados. Según lo ocurrido, parece que la primera opción será la que domine.
mmm no entiendo. Pero como sabrán, existe un mercado de emisiones de CO2, que nacio apartir del protocolo de Kioto.
ResponderEliminarlos que logran reducir la contaminación de una industria, proceso o actividad, tienen derecho a vender emisiones de CO2.
en algunos paises se les exijen esos derechos a nuevas industrias o industrias que debian bajar la contaminacion y no lo hicieron.
De esta forma se formenta la I+D en industrias más limpias.
ese.