jueves, 25 de febrero de 2010

Sobre Europa

Con la introducción del euro en el año 2001, los países integrantes de la “eurozona” relegaron su soberanía monetaria ante un ente supranacional, el Banco Central Europeo (BCE), con la tarea conservar el valor de la moneda y así la estabilidad en los precios. Además de la idea de una convergencia veloz impulsada por la integración, el respaldo teórico detrás del Euro viene dado por la neutralidad del dinero en el largo plazo, por lo que la política monetaria no tiene efectos reales en ese término. Los problemas de estos días dentro de la Unión Europea (en los infelizmente llamados PIGS) fueron desde un principio advertidos por los críticos de la moneda común. La creación del Euro dejaba huérfanos a los estados de herramientas monetarias, limitando el accionar de corto plazo y afectando en mayor medida a los países relativamente más pobres (y con menor fuerza política para influir en decisiones económicas del BCE). Las posibles soluciones propuestas por economistas a las dificultades macroeconómicas actuales en éstos también pasan por la política económica como instrumento para aumentar la competitividad. Esto alimenta la incertidumbre en la moneda, siembra dudas en los futuros ingresantes a la eurozona, y como consecuencia se observa la depreciación del Euro del último mes.
Analicemos primero las causas teóricas de las crisis reales y fiscales de los países en la mira.

La adopción del Euro y los años de prosperidad mundial permitieron un fuerte crecimiento en España, Grecia e Irlanda iniciando un proceso de convergencia hacia los países más ricos de la zona.
 Ésta logró hacer a los países similares, dejando a los relativamente más pobres con ventajas para los negocios (un euro rinde más en lugares donde hay más oportunidades por aprovechar, que en donde hay ya muchas desarrolladas). Este aumento en los flujos de capitales (cuadro ccte), en España e Irlanda sobre todo de la mano de la burbuja del sector inmobiliario, más el crecimiento interno resultaron en un aumento de los salarios y una apreciación del tipo de cambio real relativo al resto de Europa (y al mundo), vía la inflación (cuadro inflación). Esto último ocurre ya que, obviamente, el cambio nominal es el mismo en la “eurozona” (el Euro).

Al “explotar” la burbuja financiera, el valor de las empresas se corrigió a la baja, esta caída en sus activos obligó a reducir los costos laborales en un escenario de altos salarios, lo que derivó en el actual nivel desempleo (19% en España).
Esto se sumó a la pérdida de competitividad por la ya dicha inflación interna y la apreciación mundial del Euro derivada de las políticas del BCE.
Luego, llegamos a que el desafío de estos países es recuperar la competitividad y así el empleo. Analicemos las alternativas posibles para lograr este fin.

Una política que aparece de inmediato en el horizonte es la salida del Euro, para volver a tener la posibilidad de devaluar la moneda, abaratarse y lograr competitividad vía precios. Esta situación se repite en países en desarrollo (Argentina postcrisis 2001), y es una manera de “volver a empezar”, quitando poder de adquisitivo a la población activa y favoreciendo a las empresas nacionales que no lograron insertarse con éxito al contexto globalizado. Superficialmente, aparece esa alternativa contra evitar los grandes costos de la salida de la moneda común que lleve a un prolongado tiempo de deflación y desempleo.
Otra posibilidad, semejante a la devaluación, propuesta por algunos economistas, es la de crear una cuasi moneda atada al Euro, como hicieron las provincias argentinas antes del 2001. Conservar los valores de los contratos nominalmente pero con la nueva moneda propia de cada país, que eventualmente sería más barata que el Euro y tendería a volver a apreciarse con la recuperación, en un esquema flotación. Así, reducir los costos de salir del Euro, y de manera temporaria o no, utilizar una moneda devaluada.
Distinta es la alternativa de aumentar las políticas de estímulo vía un ente externo y enfatizar la integración europea. Los déficits fiscales que permitan disminuir el desempleo y volver a aumentar el ingreso, deberían ser financiados por el BCE o por el FMI. Sus préstamos deberían estar condicionados a la aplicación de políticas que logren estabilidad en sus deudores. Una vez superado el peligro en los receptores de ayuda, y en un contexto de recuperación mundial y europea, fomentar la unificación regional aparece como necesario. Esto sería volver a las bases de la creación de la UE y de la moneda común. Una mayor integración del mercado de trabajo y fiscal, permitirían mayor movilidad laboral y de capitales, vía las señales del mercado. La idea, es hacer que primen los incentivos económicos en las decisiones de migración laboral y evitar así distorsiones en el mercado.

La no salida del Euro, puede ser beneficiosa para los estados en el largo plazo. Cada crisis es una oportunidad, así puede pensarse el problema de competitividad de los países en cuestión. Históricamente, éstos estuvieron atrasados respecto a las potencias europeas. El “boom” de la integración les permitió lograr un acercamiento, hasta llegar a la situación actual. En este sentido, se puede remarcar un problema estructural. Estar atados al Euro (sin posibilidad de devaluar) en esta crisis, podría representar una oportunidad para cambiar su modelo de crecimiento económico por uno moderno basado, por ejemplo, en el conocimiento, la tecnología y la innovación

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